Hans se encuentra en la Puerta de Brandemburgo. Le gusta mucho ese lugar. Recuerda cuando en su infancia iba a ver la estatua del carruaje jalado por pegasos. Sin embargo hoy es diferente. La puerta se encuentra dividida: una parte atrás y otra parte adelante del muro. Y es que en esos momentos Alemania se encuentra separada, corre el año de 1950. El joven Hans, de apenas 25 años, delgado y rubio, desea sólo una cosa en ese momento. Quiere salir de Alemania, quiere ver el mundo de manera diferente. Pero está consciente de que en la situación de su país es casi imposible. Un extraño artefacto se atraviesa en su camino. Nota que al pie de una pared, se encuentra un pequeño carro de
juguete. Nunca había visto algo similar, pues aquel objeto tenía muchas luces brillantes. Pero en aquellos momentos su tristeza era tal que poco le importaba su hallazgo. Las luces del carro empezaron a brillar mucho. Hans quedó cubierto del resplandor que emitía el carro de juguete. Pronto no distinguía nada más que la luz, todo lo demás se desvaneció. Pero no fue por mucho tiempo, porque después apareció en un lugar que no conocía. Se encontró perdido dentro de lo que parecía una inmensa torre. Al asomarse por una ventana podía ver un enorme arco que era atravesado por una calle. Numerosas gentes se encontraban junto con él, vestidas con gafas, shorts y con un aparato que ellos llamaban cámara fotográfica. Empezaba a sentirse incómodo, pues se veía anticuado con su pantalón de vestir, su saco verde y su camisa café. Pronto consiguió la manera de bajar la inmensa torre. A la entrada de la misma, vio un gran letrero que decía "Bienvenidos a l
a Torre Eiffel, símbolo de París". Ahí comprendió que había viajado en el espacio, y por lo que veía alrededor, quizá en el tiempo también. Un camión se dirigía al museo de Louvre en esos momentos, y el se subió. Al llegar pudo entrar fácilmente, tenía la sensación de que nadie lo veía. Al interior vio pinturas que le parecieron muy hermosas. Llevaba consigo el carro de juguete, el cual jamás dejó de sujetar. Una pintura en especial llamó su atención. Era una mujer con una extraña sonrisa, que aparecía rotulada como " Mona Lisa" de da Vinci. En ese momento Hans quiso poder ver algo así en su país. Como si el carro escuchara sus pensamientos, nuevamente una gran luz fue emitida, y Hans se encontraba viajando a otro lugar...
juguete. Nunca había visto algo similar, pues aquel objeto tenía muchas luces brillantes. Pero en aquellos momentos su tristeza era tal que poco le importaba su hallazgo. Las luces del carro empezaron a brillar mucho. Hans quedó cubierto del resplandor que emitía el carro de juguete. Pronto no distinguía nada más que la luz, todo lo demás se desvaneció. Pero no fue por mucho tiempo, porque después apareció en un lugar que no conocía. Se encontró perdido dentro de lo que parecía una inmensa torre. Al asomarse por una ventana podía ver un enorme arco que era atravesado por una calle. Numerosas gentes se encontraban junto con él, vestidas con gafas, shorts y con un aparato que ellos llamaban cámara fotográfica. Empezaba a sentirse incómodo, pues se veía anticuado con su pantalón de vestir, su saco verde y su camisa café. Pronto consiguió la manera de bajar la inmensa torre. A la entrada de la misma, vio un gran letrero que decía "Bienvenidos a l
a Torre Eiffel, símbolo de París". Ahí comprendió que había viajado en el espacio, y por lo que veía alrededor, quizá en el tiempo también. Un camión se dirigía al museo de Louvre en esos momentos, y el se subió. Al llegar pudo entrar fácilmente, tenía la sensación de que nadie lo veía. Al interior vio pinturas que le parecieron muy hermosas. Llevaba consigo el carro de juguete, el cual jamás dejó de sujetar. Una pintura en especial llamó su atención. Era una mujer con una extraña sonrisa, que aparecía rotulada como " Mona Lisa" de da Vinci. En ese momento Hans quiso poder ver algo así en su país. Como si el carro escuchara sus pensamientos, nuevamente una gran luz fue emitida, y Hans se encontraba viajando a otro lugar... Nuevamente se halló en otra ciudad. Numerosos edificios lo rodeaban. El estaba
en uno muy peculiar, pues parecía un prisma con varios cortes. Era de noche, pero había una gran cantidad de luces por todas las calles. A la entrada del edificio había unas grandes letras doradas, las cuales decían: Banco de China, Hong Kong. El movimiento lo
atocigaba, había gente caminando por todos lados, muchos carros muy modernos, algo parecido a un tren pero mucho más veloz. Los rasgos de las personas eran distintos, tenían ojos rasgados y piel de un tono parecido al amarillo. Ahí, Hans no quiso moverse. Se quedó a las afueras del banco, viendo gente pasar vestida con elegantes trajes. Otro pensamiento corrió por su mente: quería ver esa algarabía en Alemania, sin que la gente sintiera temor de salir. El carro de juguete brilló de nuevo. Hans levantó la mano con la que lo sostenía, y desapareció.
en uno muy peculiar, pues parecía un prisma con varios cortes. Era de noche, pero había una gran cantidad de luces por todas las calles. A la entrada del edificio había unas grandes letras doradas, las cuales decían: Banco de China, Hong Kong. El movimiento lo
atocigaba, había gente caminando por todos lados, muchos carros muy modernos, algo parecido a un tren pero mucho más veloz. Los rasgos de las personas eran distintos, tenían ojos rasgados y piel de un tono parecido al amarillo. Ahí, Hans no quiso moverse. Se quedó a las afueras del banco, viendo gente pasar vestida con elegantes trajes. Otro pensamiento corrió por su mente: quería ver esa algarabía en Alemania, sin que la gente sintiera temor de salir. El carro de juguete brilló de nuevo. Hans levantó la mano con la que lo sostenía, y desapareció. 
El ambiente ahora era diferente. Hans podía intuir que ahora había viajado a un lugar mucho más lejano. El cielo era nublado. Podía ver algo que parecía un lago, y sobre él unos botes que le parecían muy extraños porque tenían techo y estaban cubiertos de flores. En la parte de arrib
a tenían escrito el nombre de dos mujeres. Volteó a ver otro letrero, esta vez decía: "Xochimilco, embarcaderos". Subió a uno de esos vehículos. Una persona impulsaba el bote con un gran palo de madera. Alrededor se podían ver muchos árboles, así como algunas casas. Hans quedó encantado con aquél paisaje. Al finalizar el recorrido, se subió a un vehículo que se dirigía a un lugar llam
ado "Basílica". El carro de juguete seguía en sus manos, mientras el recorría una enorme ciudad para llegar a su destino. Llegó a un lugar donde había muchas iglesias, con una en especial que era muy grande y muy visitada. Veía pasar a mucha gente para entrar a la iglesia, y quedó conmocionado con la fe de las personas. El juguete hizo de las suyas en esos momentos, pues comenzaba a brillar. Pero no fue antes de que Hans se diera cuenta de dónde estaba: era la Ciudad de México.
a tenían escrito el nombre de dos mujeres. Volteó a ver otro letrero, esta vez decía: "Xochimilco, embarcaderos". Subió a uno de esos vehículos. Una persona impulsaba el bote con un gran palo de madera. Alrededor se podían ver muchos árboles, así como algunas casas. Hans quedó encantado con aquél paisaje. Al finalizar el recorrido, se subió a un vehículo que se dirigía a un lugar llam
ado "Basílica". El carro de juguete seguía en sus manos, mientras el recorría una enorme ciudad para llegar a su destino. Llegó a un lugar donde había muchas iglesias, con una en especial que era muy grande y muy visitada. Veía pasar a mucha gente para entrar a la iglesia, y quedó conmocionado con la fe de las personas. El juguete hizo de las suyas en esos momentos, pues comenzaba a brillar. Pero no fue antes de que Hans se diera cuenta de dónde estaba: era la Ciudad de México. Hans apareció bajo el sol arrasador. Aquello era un desierto, pero se veía bastante gente. Una pirámide colosal se podía observar a pocos pasos. Alrededor había un gran movimiento, gente intercambiando oro, trigo, madera y especias. Una de esas personas gritaba el nombre repetidamente. ¡Keops está con nosotros! repetía el individuo. Hans sabía
donde estaba, el antiguo Egipto era perfectamente reconocible. Había viajado mucho a través del tiempo para ver aquella pirámide que los egipcios construyeron a su faraón Keops. Se asombró de la veneración de la gente hacia su antiguo gobernante, y pensó que debió haber sido un monarca muy sabio cuando estaba vivo. Poco duró la visita, pues nuevamente el se movía por el espacio a través de su juguete... 
Llamó su atención un Koala y una extraña vegetación. Hans sabía que en este momento se encontraba en un lugar muy raro y lejano. La época era mucho más moderna. Había personas muy distintas, presumiblemente de todas partes del mundo, a las orillas de las calles esperando algo. Hans se unió a ellas en la espera. Pasaron 10 minutos y por la calle corrió una persona con una antorcha en la mano. Era una mujer muy atlética, que
portaba orgullosa aquél artefacto. Ya no logró seguir viéndola propiamente, pero había una enorme pantalla que transmitía el recorrido de la atleta. Al final pudo ver cómo el fuego de la antorcha se posaba sobre un aparato que a su vez accionaba las llamas de un gran pebetero. Después de eso, la pantalla decía "Juegos olímpicos, Sidney 2000". EL deporte era algo que Hans anhelaba hacer en Alemania. Antes de la contrucción del muro solía jugar futbol con sus amigos en un equipo aficionado. Ahora no era lo mismo. El carro de juguete nuevamente lo transportaba. 
El lugar era inhóspito. "Un desierto de hielo", pensó Hans. Podía ver pinguinos y muchos campamentos. Se acercó a uno de ellos, donde había gran cantidad de personas. A pesar de que el campamento no era muy grande, en el interior cabían unas 15 personas, y se encontraba equipo muy sofisticado, que Hans no entendía para que servía. Una de esas personas se dirigía a un lugar cercano, donde había un pequeño lago de agua líquida. Hans no sabía como podía haber agua líquida en esos rumbos. La persona introducía un dispositivo al agua y hacía varias lecturas que anotaba en otro aparato. Regresaron al campamento, y se dio cuenta de que aquellos eran hombres de ciencia: había numerosos reportes, cálculos y muestras apiladas cuidadosamente en una p
arte de aquél sitio. Los hombres discutían y comentaban sobre sus hallazgos. En uno de esos reportes Hans pudo leer algo que decía "Expedición a la Antártida". Su asombro no fue para menos. La ciencia era muy valiosa para Hans, y estar en la Antártida lo emocionaba mucho, a la vez que lo recordar la ciencia que durante mucho tiempo había dado prestigio a su país antes del muro. No pasó mucho tiempo para que el carro brillase, y Hans se encontrara atravesando el espacio y el tiempo de nuevo. Hans
se encuentra en la Puerta de Brandemburgo. Y se halla un poco confundido. Voltea a su mano y el carro de juguete no se encuentra. Comienza a sentir mucho miedo. Estaba disfrutando su experiencia inexplicable. Había hallado un pequeño valor a cada lugar a donde había ido. Aprendió la importancia del arte y del comercio, y quería aplicarlo ahora que estaba de vuelta. También aprendió la paz que produce la fe en las personas, la confianza en sus gobernantes, el culto al deporte y la salud y el papel de la ciencia en la vida. Todo fue muy gratificante para Hans, pero quizá ya no tenía importancia, quizá todo era un sueño. Desconsolado, comenzó a caminar y a atravesar la puerta de Brandemburgo. "Un momento" pensó. Había cruzado la puerta entera, se encontraba del otro lado de Alemania. Cual fue su sorpresa al ver que el muro había caído, quizá aquél viaje fantástico había valido la pena...
1 comentario:
aaaaaaaaaaaayyyyyyyyy
que historia tan bonita...
jajaja
a ver cuando me presentasa Hans!!
suerte en la vida!!!
Se cuida
Georgina
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